La dynastía Han desarrolla entre los ss.II a.C. y II d.C. un sistema integrado de producción de acero de alto carbono basado en altos hornos de fundición de hierro (生鐵, shēng tiě, 'hierro vivo') seguidos de descarburación controlada por forja repetida para obtener acero maleable de alta resistencia. El proceso requiere alcanzar temperaturas superiores a 1.200°C en hornos de tiro forzado con fuelles mecánicos —documentados arqueológicamente en los yacimientos de Guxingzhen (Henan) y Tieshengguo (Henan)— capaces de fundir hierro completamente, algo que los herreros europeos no lograrían hasta el s.XIV d.C. con el alto horno medieval. El acero resultante (百煉鋼, 'acero de cien forjados') era distribuido por el Estado Han como material estratégico; las herramientas agrícolas y las armas de acero fueron un factor determinante en la expansión del Imperio Han. La producción de hierro fundido a gran escala es independiente del proceso de crisol wootz del sur de India; los dos representan soluciones distintas al mismo problema metalúrgico. Europa no desarrolla altos hornos de hierro fundido hasta c. 1150 d.C. en Suecia y el Rin, aproximadamente 1.350 años después de la China Han.