El sistema de acueductos de Roma llegó a constar de once acueductos principales con una longitud total de aproximadamente 800 kilómetros, suministrando entre 500.000 y 1.000.000 de metros cúbicos de agua diarios a una ciudad de más de un millón de habitantes. El sistema completo, desde la captación en fuentes de montaña hasta la distribución urbana y el alcantarillado (Cloaca Maxima), operaba íntegramente por gravedad mediante un gradiente cuidadosamente calculado. El ingeniero Sexto Julio Frontino, curator aquarum desde 97 d.C., describe en De aquaeductu Urbis Romae el sistema con detalle técnico suficiente para su reconstrucción. El suministro per cápita de agua de Roma (estimado en 500-1.000 litros por habitante y día) no fue igualado en ninguna ciudad europea hasta Londres en el s.XIX. La caída del Imperio romano supuso el abandono del sistema y el colapso del suministro; la Europa medieval dependió durante siglos de pozos y ríos. El canon histórico de la ingeniería hidráulica suele presentar los acueductos romanos como herederos de la tradición griega, cuando en realidad la escala, duración y integración sistémica del sistema romano no tiene precedente documentado.