Clément Ader, ingeniero francés ya conocido por sus patentes de telefonía y por el Avión III, presenta en 1897 el primer galvanómetro de cuerda: un fino hilo metálico suspendido entre los polos de un imán, diseñado para detectar a alta velocidad los pulsos de las señales telegráficas en cables submarinos transatlánticos. El instrumento tenía una sensibilidad demasiado baja para uso clínico, pero es el precursor técnico directo que Willem Einthoven adapta en 1901-1905 para registrar el electrocardiograma humano.