Muhammad al-Idrisi elaboró en 1154, por encargo de Roger II de Sicilia, una de las obras geográficas y cartográficas más ambiciosas de la Edad Media. Tras quince años de trabajo integrando fuentes árabes, testimonios de comerciantes y la tradición griega, produjo un mapa del mundo con una imagen más rica y precisa que la de cualquier carta europea coetánea. El hecho de que su obra se elaborase en una corte normanda multicultural —árabe, griega, latina— hace de al-Idrisi un caso especialmente claro de conocimiento islámico que entra en Europa sin recibir el crédito correspondiente.