La tecnología de vacunas de ARNm tiene su origen intelectual en el trabajo que Katalin Karikó y Drew Weissman publicaron en 2005: el descubrimiento de que la modificación química del ARN mensajero mediante pseudouridina eliminaba la respuesta inflamatoria que hacía inviable su uso terapéutico. Durante décadas el ARNm fue considerado demasiado inestable e inmunogénico para uso clínico. Karikó, investigadora de origen húngaro, fue degradada en la Universidad de Pensilvania en 1995 por no abandonar esta línea. Cuando la pandemia de COVID-19 comenzó en enero de 2020, la plataforma ARNm era la única tecnología capaz de producir una vacuna en semanas: BNT162b2 (BioNTech/Pfizer) y mRNA-1273 (Moderna) recibieron autorización de emergencia en diciembre de 2020. La BCG tardó 13 años en pasar de laboratorio a paciente; las vacunas ARNm tardaron 11 meses. En 2023, Karikó y Weissman recibieron el Premio Nobel.