Arthur Ashkin, en los Laboratorios Bell, desarrolla en 1986 una técnica que aprovecha la presión de radiación de la luz —el hecho de que los fotones, aunque carecen de masa, transportan momento y pueden ejercer fuerza física al chocar con un objeto— para atrapar y manipular objetos microscópicos individuales sin tocarlos físicamente. Ashkin descubre que un haz láser cuidadosamente enfocado puede atraer y mantener inmóvil en su punto focal una partícula diminuta, desde virus hasta células individuales o incluso bacterias vivas, formando lo que denomina "pinzas ópticas" —un instrumento capaz de sujetar, mover, estirar y manipular con precisión extraordinaria objetos demasiado pequeños y delicados para cualquier herramienta mecánica convencional, sin dañarlos en el proceso—. La técnica permite a los biólogos medir directamente las fuerzas mecánicas que ejercen motores moleculares individuales —como la ATP sintasa caracterizada por Walker— o estirar moléculas individuales de ADN para estudiar sus propiedades mecánicas, abriendo una vía completamente nueva de investigación en biofísica a escala de molécula única. Las pinzas ópticas se convierten en herramienta estándar en laboratorios de biología celular y biofísica de todo el mundo, empleadas también en física atómica para atrapar y manipular átomos individuales en experimentos de física cuántica.