El azul egipcio (CaCuSi₂O₆, cuprorivaita) es el primer pigmento sintético documentado en la historia de la humanidad. Se obtiene calentando una mezcla de arena de cuarzo, cal, compuestos de cobre (malaquita o azurita) y fundente (natrón) a temperaturas entre 850 y 1.000°C. Su producción a escala industrial bajo Ramsés II (s.XIII a.C.) convirtió el taller de Pi-Ramsés en el primer centro de química industrial documentado. El pigmento resiste la degradación durante milenios: los frescos de Amarna (c. 1345 a.C.) conservan el color intacto. En 2013, investigadores del Museo Británico descubrieron que el azul egipcio emite radiación infrarroja cercana (NIR) con alta eficiencia al ser excitado con luz visible, una propiedad con aplicaciones actuales en bioimagen médica, telecomunicaciones por fibra óptica y detección de falsificaciones de obras de arte. El canon histórico de la química atribuye la síntesis de pigmentos a la tradición europea moderna, ignorando que esta tecnología tiene cuatro mil años de antigüedad en el Nilo.