El azul maya es un pigmento compuesto de moléculas de índigo (obtenido del añil, Indigofera suffruticosa) encapsuladas en la estructura cristalina de la paligorskita, una arcilla fibrosa disponible en la región de Yucatán. La combinación produce un color azul turquesa de extraordinaria estabilidad: resiste ácidos fuertes, disolventes orgánicos, calor extremo y el paso de siglos sin degradación apreciable. Fue usado intensivamente en ceremonias de sacrificio, cerámica, murales y el Cenote Sagrado de Chichén Itzá. El proceso exacto de síntesis —incluyendo la temperatura de calentamiento y la proporción de componentes— no fue descifrado por la ciencia occidental hasta los años 2000 mediante espectrometría de masas y microscopía electrónica. La química moderna ha identificado el mecanismo como una intercalación molecular que estabiliza el índigo contra la oxidación, un principio que hoy se investiga para aplicaciones en biotecnología y conservación de materiales.