Christiaan Barnard realizó el 3 de diciembre de 1967 el primer trasplante cardíaco humano, implantando el corazón de una donante en muerte cerebral en un paciente con insuficiencia cardíaca terminal. El receptor vivió 18 días. La operación fue técnicamente exitosa y su impacto trascendió la cirugía: generó debates globales sobre muerte cerebral, inmunología de trasplantes y ética médica. En el árbol quirúrgico representa la transición desde reparar y revascularizar hacia reemplazar el órgano completo.