George Snell, en el Jackson Laboratory de Maine, identifica desde los años cuarenta mediante experimentos genéticos con ratones un conjunto de genes responsables del rechazo de tejidos trasplantados entre individuos genéticamente distintos, al que denomina complejo principal de histocompatibilidad. Jean Dausset, en el Instituto Pasteur de París, descubre en 1958 el primer antígeno de este sistema en humanos —el sistema HLA (antígeno leucocitario humano)— al observar que pacientes que habían recibido múltiples transfusiones sanguíneas desarrollaban anticuerpos contra marcadores específicos presentes en los glóbulos blancos de otras personas. Baruj Benacerraf, científico venezolano emigrado a Estados Unidos, demuestra que estos genes de histocompatibilidad no solo determinan el rechazo de trasplantes sino que regulan de forma más general cómo el sistema inmunitario reconoce y responde a sustancias extrañas, estableciendo el vínculo entre el sistema HLA y la regulación general de la respuesta inmunitaria. El conjunto de estos tres descubrimientos establece el fundamento científico que hace posible la compatibilidad de trasplantes de órganos mediante tipificación HLA previa entre donante y receptor, reduciendo drásticamente el riesgo de rechazo, y resulta también fundamental para entender la susceptibilidad genética a numerosas enfermedades autoinmunes asociadas a variantes específicas del sistema HLA.