En 1992, Asher Peres y William K. Wootters publican un artículo donde estudian cuánta información puede extraerse de dos copias idénticas de un estado cuántico desconocido cuando las partes solo pueden usar operaciones cuánticas locales y comunicación clásica —protocolos a los que llaman "de ping-pong"—, dejando abierta la pregunta de si ese límite podía superarse. Charles H. Bennett invita a Wootters a presentar el problema en Montreal; en la audiencia están Gilles Brassard (que organiza la charla), Richard Jozsa (entonces su asistente de investigación) y, por invitación expresa de Brassard, Claude Crépeau. Durante la propia charla, Bennett formula la pregunta que desencadena el avance: "¿qué diferencia haría que los dos participantes compartieran un par EPR (entrelazado)?". La respuesta, desarrollada por los seis investigadores y publicada en 1993 como "Teleporting an unknown quantum state via dual classical and Einstein-Podolsky-Rosen channels", demuestra que un estado cuántico desconocido puede descomponerse en información puramente clásica más correlaciones cuánticas no clásicas (de tipo Einstein-Podolsky-Rosen), enviarse por canales separados, y reconstruirse exactamente en el extremo receptor —sin que el estado original viaje físicamente y sin haber sido nunca medido ni conocido por ninguna de las partes—. El protocolo resuelve una paradoja aparente: el teorema de no clonación prohíbe copiar un estado cuántico desconocido, pero el teletransporte permite reconstruirlo en otro lugar porque el original queda destruido en el proceso de la medición conjunta de Alice, de modo que nunca llegan a existir dos copias simultáneas. El resultado, confirmado experimentalmente pocos años después por varios grupos independientes, se convierte en uno de los pilares conceptuales de la ciencia de la información cuántica, con aplicaciones en computación cuántica distribuida y redes cuánticas de comunicación.