James D. Bjorken, físico teórico del Stanford Linear Accelerator Center (SLAC), predice en 1967 una propiedad matemática muy específica que deberían exhibir los datos de un experimento que todavía no se había realizado: hacer chocar electrones de alta energía contra protones de forma mucho más violenta que en la dispersión elástica convencional —lo que se conoce como dispersión inelástica profunda—. Bjorken predice que las llamadas "funciones de estructura" del protón, en vez de depender de la energía absoluta del experimento, deberían depender únicamente de una combinación adimensional de cantidades cinemáticas: la propiedad que se conoce desde entonces como "scaling de Bjorken". La predicción es contraintuitiva y nada trivial en su momento, e implica algo radical: que el protón, lejos de ser una entidad uniforme, contiene en su interior constituyentes puntuales, prácticamente libres entre sí, sobre los que el electrón rebota como en un experimento de dispersión de Rutherford en miniatura. Bjorken convence al equipo experimental de SLAC, en largas conversaciones durante excursiones de montañismo con Henry Kendall y otros colegas, de probar esta idea con el acelerador lineal de SLAC, recién inaugurado. Entre 1968 y 1969, los experimentos de Jerome Friedman, Henry Kendall y Richard Taylor confirman de manera contundente el scaling de Bjorken, proporcionando la primera evidencia experimental de que el protón tiene una subestructura de partículas puntuales con carga —los quarks que Gell-Mann y Zweig habían propuesto en 1964 como una construcción matemática útil, pero cuya existencia física real seguía sin confirmarse—. Richard Feynman reformula poco después la idea de Bjorken como el "modelo de partones", ampliamente adoptado para interpretar la composición de quarks de los hadrones a altas energías. El scaling de Bjorken cataliza la búsqueda de una teoría cuántica fundamental que explique por qué los quarks se comportan como partículas casi libres a distancias muy cortas dentro del protón —una propiedad que, resuelta en 1973 mediante el descubrimiento de la libertad asintótica (Gross, Wilczek y Politzer, Nobel 2004), da origen a la cromodinámica cuántica (QCD), la teoría aceptada de la interacción fuerte.