En 1896 se inauguró la Línea 1 del metro de Budapest, el primer ferrocarril subterráneo diseñado específicamente para usar tracción eléctrica desde su concepción, en lugar de adaptar sistemas previamente pensados para vapor. Introdujo elementos técnicos propios como coches motorizados bidireccionales y el chasis de 'cuello de ganso', además de iluminación eléctrica en estaciones y vagones. Su diseño influyó en la construcción de líneas de metro posteriores en Boston, París, Berlín y otras grandes ciudades.