Julio César (100–44 a.C.) usó sistemáticamente un cifrado de sustitución monoalfabética por desplazamiento para su correspondencia militar y política: cada letra del mensaje se sustituía por la letra situada tres posiciones más adelante en el alfabeto latino. Suetonio lo documenta en Vida de los Doce Césares (c.121 d.C.) con precisión suficiente para reconstruir el método. Cicerón menciona haber recibido cartas cifradas de César en sus propias cartas (Ad Atticum, c.50 a.C.). Es el primer cifrado de sustitución sistemático documentado por fuentes primarias cercanas al hecho. El cifrado César es trivialmente vulnerable al análisis de frecuencia —como demostraría Al-Kindi 900 años después— pero estableció el paradigma de la sustitución alfabética que dominó la criptografía occidental hasta el s.XX.