El calendario civil egipcio divide el año en 12 meses de 30 días más 5 días intercalares (epagómenos, ḥryw-rnpt) para completar 365 días. Está estructurado en tres estaciones de cuatro meses cada una: inundación (Akhet), siembra (Peret) y cosecha (Shemu), correspondientes al ciclo anual del Nilo. Es el primer calendario solar de 365 días documentado y la base directa del calendario juliano (46 a.C., reforma de Julio César con Sosígenes de Alejandría) y, a través de este, del gregoriano (1582). A diferencia del calendario lunar mesopotámico, no requiere intercalación de meses para alinearse con las estaciones, lo que lo hacía ideal para la administración agraria a escala del Estado. El canon histórico atribuye la racionalización del calendario a Roma o Grecia; la reforma de César en 46 a.C. es explícitamente una adopción del modelo egipcio. El origen egipcio del calendario occidental nunca aparece en los planes de estudio europeos de historia.