Stanislao Cannizzaro escribe en marzo de 1858 una larga carta a su colega Sebastiano de Luca, publicada ese mismo año como "Sunto di un corso di filosofia chimica" ("Esquema de un curso de filosofía química"). En ella resucita la hipótesis de Avogadro de 1811, prácticamente olvidada durante casi medio siglo, y la usa para resolver la confusión de más de cincuenta años en torno a los pesos atómicos: muestra cómo las medidas de densidad de vapor permiten calcular pesos moleculares de forma inequívoca a partir del principio de Avogadro, y de ahí derivar pesos atómicos consistentes. El folleto, reeditado en 1859, tuvo escasa repercusión inicial hasta que Cannizzaro lo repartió personalmente entre los asistentes al Congreso de Karlsruhe de 1860, donde terminó siendo el documento que desbloqueó el consenso que la propia conferencia no había logrado alcanzar.