Gregorio, jurista del que no se sabe nada con certeza más allá de su posible cargo de magister libellorum bajo los emperadores Carino y Diocleciano, compila por iniciativa privada las constituciones imperiales (rescriptos) desde Adriano hasta Diocleciano, organizadas por materia en al menos 13-15 libros. No sobrevive ningún ejemplar completo: se conoce por citas en obras posteriores, sobre todo el Codex Justinianeus. En 2009 se identificaron fragmentos del códice reciclados como refuerzo en la encuadernación de otro libro medieval, hallazgo reportado por National Geographic.