Edward Coke, el jurista más importante de la Inglaterra del siglo XVII, rescató en esta obra la Magna Carta del olvido en que había caído durante la era Tudor y la convirtió en un arma política contra el absolutismo de los Estuardo. Estableció que el rey no puede cambiar las leyes por decreto y que los tribunales controlan el poder real, consolidando la visión del juez como guardián de las libertades frente al monarca.