Hacia 1855, fabricantes europeos —principalmente británicos— comenzaron a producir industrialmente preservativos de caucho vulcanizado, aplicando el proceso de Goodyear (1839) a la manufactura de métodos de barrera. A diferencia de las fundas de lino de Falloppio, estos preservativos eran reutilizables, más resistentes y accesibles en volumen. Su producción en masa transformó los métodos de barrera en un producto de consumo, aunque su uso siguió estando legal y socialmente restringido en muchos países durante décadas.