Allan Cormack, físico sudafricano-estadounidense, desarrolla en los años sesenta, trabajando de forma intermitente y casi como afición paralela a su investigación principal, los fundamentos matemáticos necesarios para reconstruir la estructura interna tridimensional de un objeto a partir de múltiples radiografías tomadas desde ángulos distintos. Godfrey Hounsfield, ingeniero sin formación universitaria formal trabajando en los laboratorios de investigación de EMI —la compañía discográfica británica, entonces con considerables beneficios gracias a los Beatles que financiaban indirectamente la investigación—, desconoce inicialmente el trabajo teórico de Cormack y desarrolla de forma independiente el primer escáner de tomografía computarizada funcional en 1971. El primer escáner clínico de Hounsfield, instalado en el Hospital Atkinson Morley de Londres, toma más de cinco minutos en realizar un único corte transversal del cerebro y requiere horas de procesamiento informático para reconstruir la imagen, una limitación enorme comparada con los escáneres modernos pero revolucionaria frente a la radiografía convencional bidimensional disponible hasta entonces. La tomografía computarizada permite por primera vez visualizar la estructura interna de tejidos blandos —incluyendo tumores cerebrales— sin necesidad de cirugía exploratoria, transformando radicalmente el diagnóstico médico y convirtiéndose en una de las tecnologías de imagen médica más utilizadas en todo el mundo.