En 1906 Lee de Forest patenta el Audion, el primer triodo: una válvula de vacío de tres electrodos —cátodo, rejilla de control y ánodo— capaz de amplificar señales eléctricas débiles. El principio es que una pequeña variación de voltaje en la rejilla de control modula una corriente mucho mayor entre cátodo y ánodo, produciendo amplificación. El triodo hace posible la radio comercial, la telefonía de larga distancia, el radar y los primeros ordenadores electrónicos —el ENIAC (1946) utilizaba cerca de 18.000 válvulas de vacío—. Sin embargo, las válvulas son frágiles, voluminosas, consumen mucha energía y generan calor excesivo, limitando severamente la escala de los sistemas electrónicos. Bardeen y Brattain diseñan explícitamente el transistor (1947) como sustituto de estado sólido de la válvula de vacío: mismo principio de amplificación mediante control de corriente, sin las limitaciones físicas del vacío y el filamento. El triodo es así el precursor tecnológico directo que el transistor viene a reemplazar.