Pierre-Gilles de Gennes, físico formado originalmente en física del estado sólido y magnetismo, desplaza a partir de finales de los años 1960 su atención hacia lo que él mismo bautizaría como "materia blanda": sistemas como los cristales líquidos, los polímeros y las espumas, cuyo comportamiento colectivo no se ajustaba bien a los marcos teóricos desarrollados para sólidos cristalinos perfectos ni para líquidos simples. De Gennes desarrolla un marco unificado que aplica conceptos de transiciones de fase y simetría —tomados originalmente de la física de la materia condensada dura, incluyendo ideas próximas a la teoría Ginzburg-Landau de la superconductividad— para describir cómo las moléculas alargadas de un cristal líquido se orientan colectivamente, y cómo las largas cadenas de un polímero se comportan en disolución y fusión. Su trabajo demuestra que existe una analogía matemática profunda entre fenómenos aparentemente tan dispares como el orden magnético, la superconductividad y la orientación molecular en cristales líquidos, estableciendo estos últimos como un sistema modelo de transición de fase accesible y manipulable en el laboratorio. La relevancia práctica del trabajo de De Gennes resultó inmensa: la comprensión teórica de cómo los cristales líquidos responden a campos eléctricos resultó esencial para el desarrollo y optimización de las pantallas de cristal líquido (LCD) que se convertirían en la tecnología de visualización dominante del último cuarto del siglo XX. Su capacidad para tender puentes conceptuales entre subcampos de la física muy distantes entre sí —y para comunicar esas ideas con una claridad expositiva inusual— le valió el sobrenombre informal de "el Newton de nuestro tiempo" entre parte de la comunidad científica francesa.