En noviembre de 1983 Paul Mockapetris, del USC Information Sciences Institute, publica los RFC 882 y RFC 883, que definen el Domain Name System (DNS) como el sistema jerárquico y distribuido de resolución de nombres de Internet. Antes del DNS, ARPANET mantenía un único fichero centralizado —HOSTS.TXT, gestionado por el Stanford Research Institute— que mapeaba nombres de host a direcciones IP; con apenas cientos de nodos este sistema era manejable, pero la adopción de TCP/IP en 1983 hacía evidente que no escalaría: cada nuevo host requería actualización manual y distribución del fichero a toda la red. El DNS resuelve el problema mediante una arquitectura en árbol de zonas delegadas: los servidores raíz delegan la autoridad de cada dominio de primer nivel (TLD) a servidores secundarios, que a su vez delegan subdominios, de forma que ningún nodo centralizado necesita conocer la totalidad del espacio de nombres. Esta descentralización es la clave de la escalabilidad de Internet: el mismo mecanismo que en 1983 servía miles de hosts sirve hoy más de mil millones de dominios activos sin cambios estructurales en el protocolo de base. Los RFC 1034 y RFC 1035 (1987) sustituyen y amplían los originales, pero la arquitectura de Mockapetris permanece inalterada. Sin DNS, las URLs serían direcciones IP numéricas inmanejables para usuarios no técnicos, y la Web tal como la concibe Berners-Lee en 1989 no sería viable a escala de consumo.