En 1935 Albert Einstein, Boris Podolsky y Nathan Rosen publican en Physical Review 'Can Quantum-Mechanical Description of Physical Reality Be Considered Complete?', el paper conocido como paradoja EPR. El argumento es el siguiente: si dos partículas han interactuado y luego se separan, la mecánica cuántica predice que medir una propiedad de una de ellas —por ejemplo, su espín— determina instantáneamente el resultado de medir la misma propiedad de la otra, sin importar la distancia que las separe. Para Einstein esto es inaceptable: ninguna influencia puede propagarse más rápido que la luz, y por tanto la mecánica cuántica debe estar incompleta — debe existir alguna 'variable oculta' que determine el resultado de antemano. El paper concluye que la descripción cuántica de la realidad física no puede considerarse completa. La paradoja EPR es el primer análisis riguroso del entrelazamiento cuántico como fenómeno físico, y durante décadas se interpretó como un argumento contra la mecánica cuántica. En 1964 John Bell demuestra que cualquier teoría de variables ocultas locales hace predicciones experimentalmente distinguibles de las de la mecánica cuántica — las desigualdades de Bell —, y los experimentos posteriores (Aspect, 1982) confirman que la naturaleza viola las desigualdades de Bell: el entrelazamiento cuántico es real y no local. La paradoja EPR, diseñada para refutar la mecánica cuántica, se convierte en el punto de partida de la información cuántica, la criptografía cuántica y la computación cuántica.