Michael E. Fisher, entonces profesor de física en King's College London poco antes de su traslado a Cornell, y David Ruelle, del Institut des Hautes Études Scientifiques en Francia, publican en febrero de 1966 "The Stability of Many-Particle Systems", demostrando que un sistema cuántico o clásico de N partículas que interactúan mediante potenciales de pares es estable —en el sentido de que la energía total está siempre acotada por debajo— siempre que el potencial cumpla una condición sobre su transformada de Fourier (semidefinida positiva). El resultado se aplica a sistemas "cargados" y demuestra estabilidad para interacciones de Coulomb cuando las cargas están ligeramente difuminadas en vez de concentradas en puntos; para una amplia clase de potenciales, también muestran que la inestabilidad clásica implica inestabilidad cuántica en el caso de bosones, y en tres o más dimensiones también de fermiones. El trabajo formaliza con rigor matemático, mediante criterios de estabilidad verificables, un problema que hasta entonces solo se había abordado con argumentos físicos no completamente rigurosos —como el de Onsager en 1939—, pero deja sin resolver el caso físicamente más exigente de cargas puntuales de Coulomb sin difuminar, que Dyson y Lenard demostrarían un año después citando explícitamente este trabajo como antecedente directo.