Werner Forssmann introdujo en 1929 un catéter uretral desde una vena de su propio brazo hasta la cavidad cardíaca derecha, demostrando que el acceso intracardíaco humano era técnicamente posible y clínicamente tolerable. La reacción inicial fue de condena y ridículo profesional: fue expulsado de su puesto y abandonó la investigación cardiovascular. Décadas después, el cateterismo cardíaco que él inauguró se convirtió en la base de toda la cardiología diagnóstica e intervencionista. Nobel de Medicina 1956.