El médico y físico Luigi Galvani, profesor de anatomía en la Universidad de Bolonia, observa que los músculos de ancas de rana disecadas se contraen al tocar el nervio con un escalpelo metálico mientras una máquina electrostática funciona cerca, o al conectar la rana entre dos metales distintos. Galvani interpreta el fenómeno como evidencia de una "electricidad animal" intrínseca a los tejidos vivos, publicando sus hallazgos en 1791. Su propuesta desencadena una de las disputas científicas más fértiles de la historia de la física: Alessandro Volta, escéptico de la interpretación biológica, repite los experimentos de Galvani y concluye que la electricidad no proviene del tejido animal sino del contacto entre dos metales distintos en un medio húmedo —la rana actuaba solo como detector sensible, no como fuente—. Este desacuerdo directo e impulsa a Volta a abandonar los especímenes biológicos y construir, en 1800, la pila voltaica, la primera fuente de corriente eléctrica continua y estable de la historia.