En 1871, el ingeniero belga Zénobe Gramme presentó a la Académie des Sciences de París la primera dínamo práctica capaz de generar corriente continua estable a escala industrial. A diferencia de los generadores anteriores, el anillo de Gramme producía una corriente suficientemente suave y potente para alimentar motores y aplicaciones industriales. En la Exposición de Viena de 1873 se demostró accidentalmente que la máquina era reversible: conectada a otra igual, funcionaba como motor eléctrico. Este descubrimiento abrió la vía al transporte eléctrico. La dínamo de Gramme es el eslabón técnico directo entre el principio de inducción de Faraday (1831) y las primeras aplicaciones prácticas de electricidad a escala, incluyendo el tranvía eléctrico de Pirotski (1880) y las redes de Edison (1882).