Los griegos arcaicos adaptan el abjad fenicio añadiendo letras dedicadas a vocales (alfa, épsilon, iota, ómicron, ípsilon), creando el primer alfabeto completo de la historia con representación explícita de consonantes y vocales. Es la base directa de los alfabetos latino, cirílico, glagolítico, copto y armenio, y por tanto de la práctica totalidad de los sistemas de escritura europeos.