John Harrison resolvió el problema de la longitud en la mar —uno de los mayores desafíos técnicos del siglo XVIII— con el cronómetro marino H4, cuyo error en el viaje de prueba a Jamaica fue de solo 5,1 segundos en 81 días. Con ello, la navegación oceánica incorporó una base de tiempo extremadamente precisa que transformó la seguridad y la fiabilidad de las rutas transoceánicas. Harrison fue un relojero autodidacta que compitió durante décadas contra el establishment astronómico de Greenwich, que prefería métodos lunares, y tardó décadas en recibir el reconocimiento oficial.