En 1952 Grace Hopper desarrolló el sistema A-0, el primer compilador operativo: un programa capaz de traducir instrucciones escritas en código simbólico a código máquina ejecutable. La idea parece obvia hoy, pero fue radicalmente contraintuitiva para sus contemporáneos: Hopper tuvo que convencer a sus colegas de que una máquina podía hacer esa traducción. El compilador cambia la naturaleza del software: en lugar de programar directamente en binario o ensamblador, el programador puede expresar sus intenciones en un lenguaje más cercano al problema. Hopper desarrolló más tarde FLOW-MATIC (1955) y contribuyó decisivamente a COBOL (1959), el lenguaje que gestionaría las finanzas mundiales durante décadas.