Sumio Iijima observa y caracteriza los nanotubos de carbono en el hollín producido por descarga de arco eléctrico entre electrodos de grafito, el mismo proceso usado para producir fullerenos. Los nanotubos son láminas de grafeno enrolladas en cilindro con propiedades mecánicas y eléctricas extraordinarias, convirtiéndose en los materiales nanoestructurados más estudiados de las décadas siguientes. Existen observaciones previas no razonadas ni desarrolladas: Radushkevich y Lukyanovich (URSS, 1952) publicaron imágenes de tubos de carbono huecos a escala nanométrica, ignoradas en Occidente por el aislamiento científico de la Guerra Fría; Oberlin, Endo y Koyama (1976) documentaron fibras similares. Ninguna condujo a una caracterización sistemática — quedaron como hallazgos aislados hasta el trabajo de Iijima.