François Jacob y Jacques Monod, en el Instituto Pasteur de París, junto con André Lwoff, formulan en 1960 el modelo del operón para explicar cómo las bacterias activan o desactivan genes específicos en respuesta a cambios en su entorno —por ejemplo, produciendo las enzimas necesarias para digerir un azúcar concreto solo cuando ese azúcar está presente en el medio, en lugar de fabricar constantemente todas las enzimas posibles—. El modelo propone que los genes relacionados funcionalmente se agrupan en unidades llamadas operones, controladas por una región reguladora donde se une una proteína represora; cuando una molécula señal —como la presencia del azúcar lactosa— se une a esa proteína represora, esta se libera del ADN y permite que los genes del operón se transcriban. El experimento clave, conocido como el experimento PaJaMo (por las iniciales de Pardee, Jacob y Monod), demuestra experimentalmente este mecanismo de control genético mediante transferencia de material genético entre cepas bacterianas. El modelo del operón establece el principio general de que la actividad de los genes no es fija sino regulable, sentando las bases conceptuales de toda la biología molecular de la regulación génica posterior, incluyendo la comprensión de cómo las células de organismos más complejos —incluidos los humanos— activan y desactivan genes específicos durante el desarrollo y la respuesta a estímulos.