En 1987, Robert Willett y James P. Eisenstein, en los Bell Laboratories, observan junto a Horst Störmer y Daniel Tsui algo que rompe el patrón conocido del efecto Hall cuántico fraccionario: un nuevo escalón de resistencia cuantizada en la fracción de llenado 5/2, el primer estado de denominador par jamás detectado, cuando hasta entonces todos los estados fraccionarios observados tenían denominador impar —una regularidad que se creía consecuencia directa del principio de exclusión de Pauli. El hallazgo carece, en 1987, de una explicación teórica que dé cuenta de por qué el patrón se rompe precisamente ahí. Dos años después, en 1989, Jainendra K. Jain, trabajando como postdoctorando en la Universidad de Yale, resuelve el problema con un cambio de perspectiva radical: propone que cada electrón, al unirse a un número par de cuantos de flujo magnético, se transforma en una nueva cuasipartícula —el fermión compuesto— que experimenta un campo magnético efectivo mucho menor que el campo real aplicado. La idea explica de un solo golpe toda la intrincada secuencia de estados Hall fraccionarios observados en el laboratorio (los "estados de Jain") como si fueran, simplemente, el efecto Hall cuántico entero pero visto por fermiones compuestos en lugar de por electrones; y predice, además, que en la fracción 5/2 el comportamiento debería recordar al de un superconductor. La teoría sigue siendo, durante varios años, un marco conceptual sin verificación experimental directa de su predicción más extraña: que estas cuasipartículas portan una carga eléctrica que es una fracción exacta de la del electrón, y obedecen una estadística cuántica anómala, intermedia entre la de los fermiones y la de los bosones. Esa verificación llega del laboratorio de Mordehai (Moty) Heiblum, en el Instituto Weizmann de Israel, donde desarrolla heteroestructuras semiconductoras de pureza ultraalta y técnicas de interferometría electrónica e interpretación del ruido shot que permiten, por primera vez, observar directamente la carga fraccionaria predicha (1997) y, más adelante, confirmar la estadística anómala y la conductancia térmica semientera cuantizada en la fracción 5/2 —evidencia de que los fermiones compuestos correspondientes son, de hecho, fermiones de Majorana, partículas con implicaciones potenciales para la computación cuántica topológica tolerante a fallos. Ninguna de las tres piezas constituye, por separado, una ruptura de paradigma: el experimento de 1987 es una anomalía sin marco teórico; la teoría de fermiones compuestos de Jain habría sido una elegante construcción matemática sin confirmación experimental de que las cuasipartículas predichas existen realmente en la naturaleza; y la verificación de Heiblum habría carecido de sentido sin la teoría que explicaba qué buscar y por qué. Juntas, sientan las bases conceptuales completas de la física del efecto Hall cuántico fraccionario.