Rafi Bistritzer y Allan H. MacDonald, en la Universidad de Texas en Austin, publican en 2011 "Moiré bands in twisted double-layer graphene" (PNAS), un modelo continuo que predice el comportamiento electrónico de dos láminas de grafeno superpuestas y rotadas entre sí un pequeño ángulo. Al superponer dos redes hexagonales de carbono con un ligero giro relativo se genera un patrón de interferencia geométrica (patrón de moiré) que modula la velocidad con la que los electrones pueden saltar de una capa a otra. Bistritzer y MacDonald calculan que, para un conjunto discreto de ángulos de torsión —el primero de ellos en torno a 1,05°—, esa velocidad de tunelaje se anula por completo: las bandas electrónicas, normalmente dispersas, se aplanan casi totalmente ("bandas planas"), y la densidad de estados en el punto de Dirac se ve enormemente amplificada. El modelo predice con precisión a qué ángulo exacto debe ocurrir el fenómeno, pero en 2011 sigue siendo una teoría sobre el papel sin ningún dato experimental que la confirme ni aplicación que la haga relevante. Siete años después, en 2018, Pablo Jarillo-Herrero, en el MIT, junto con su estudiante de doctorado Yuan Cao, fabrica experimentalmente el dispositivo exacto que la teoría predijo: dos láminas de grafeno apiladas y rotadas 1,1°, el "ángulo mágico". A temperaturas suficientemente bajas, el material —que en condiciones normales es un simple conductor de carbono— exhibe superconductividad no convencional, controlable mediante un campo eléctrico que ajusta el número de electrones inyectados. Ninguna de las tres piezas constituye, por separado, una ruptura de paradigma: la teoría de 2011 era una predicción sin verificar; el material aislado (grafeno, 2004) era un sustrato sin este comportamiento cuántico excepcional; el experimento de 2018 habría sido inexplicable sin el modelo que predijo exactamente dónde buscar. Juntas, las tres piezas cierran un círculo completo —teoría que propone reglas nunca vistas, experimento que demuestra que esas reglas rigen el mundo real, y un fenómeno físico inesperado (la superconductividad) que abre un campo de investigación enteramente nuevo— y dan origen a la "twistrónica": la electrónica basada en el ángulo de giro entre capas de materiales 2D. Ajustando el ángulo de torsión en fracciones de grado es posible inducir en el mismo material magnetismo espontáneo, estados cuánticos topológicos inusuales o superconductividad, sin alterar en ningún momento su composición química.