Waldemar Jungner, ingeniero e inventor sueco autodidacta en gran parte de su formación práctica, patenta el 11 de marzo de 1899 la batería de níquel-cadmio (NiCd), la primera batería en emplear un electrolito alcalino (hidróxido de potasio) en lugar de un electrolito ácido. El mismo año patenta también una variante de níquel-hierro (NiFe), que termina abandonando por su menor rendimiento y mayor generación de hidrógeno en comparación con la versión de cadmio. Dos años después, en 1901, Thomas Edison desarrolla y patenta de forma independiente una batería de níquel-hierro sustancialmente similar a la variante que Jungner había descartado, lo que da lugar a una disputa de patente entre ambos inventores que Edison termina ganando gracias a sus mayores recursos legales y económicos, a pesar de la prioridad temporal de Jungner. La batería de Jungner, comercializada en Suecia desde 1910 y en EE.UU. desde 1946, se convierte en la tecnología recargable dominante de aplicaciones portátiles y aeroespaciales durante buena parte del siglo XX, hasta su sustitución progresiva por el níquel-metal hidruro a partir de los años noventa, en parte por la toxicidad ambiental del cadmio.