Katalin Karikó y Drew Weissman (Universidad de Pensilvania) demuestran que la falta de modificaciones de bases en el ARN sintético es lo que provoca su reconocimiento como cuerpo extraño por los receptores tipo Toll (TLR) del sistema inmune innato. Sustituyendo la uridina convencional por pseudouridina —un nucleósido modificado de origen natural— consiguen ARNm que evade ese reconocimiento inmune, resolviendo el obstáculo que había bloqueado durante más de una década el desarrollo de terapias y vacunas de ARNm. El artículo fue rechazado por Nature y Science en 2005 antes de publicarse en Immunity; los autores no recibieron apenas atención hasta que la tecnología se convirtió en la base de las vacunas de ARNm contra la COVID-19. Recibieron el Premio Nobel de Medicina en 2023.