Kepler concibe en Graz, donde enseña matemáticas, su primer tratado astronómico: primera defensa abierta y apasionada del heliocentrismo copernicano como realidad física (no solo herramienta matemática). Su teoría central —los planetas anidados en los cinco sólidos platónicos— resultó errónea, pero el libro fue decisivo por otra vía: Kepler no solo preguntó cómo se mueven los planetas, sino por qué, proponiendo una fuerza física tipo magnética (anima motrix) emanada del Sol. Este giro hacia la física celeste, y la necesidad de mejores datos para probar su modelo, lo llevó a buscar a Tycho Brahe, cuyos datos usaría para descubrir que las órbitas son elípticas. Publicado en Tübingen en 1596, envía ejemplares de cortesía a varios astrónomos europeos, incluido Galileo.