Entre 1915 y 1918, Paul Langevin demuestra la viabilidad de usar cristales de cuarzo piezoeléctrico tanto para emitir como para recibir pulsos de ultrasonido, detectando submarinos sumergidos a distancias de hasta 1300 metros. El sistema, más tarde llamado sonar, valida experimentalmente la propuesta teórica de Constantin Chilowsky de 1915. Langevin y Chilowsky patentan conjuntamente el invento en EE.UU. en 1916 y 1917. La tecnología se usó con éxito en la Segunda Guerra Mundial y dio origen a otras aplicaciones como la ecosonda y la ecografía médica.