Georges Leclanché, ingeniero francés, patenta en 1866 una celda formada por un ánodo de zinc y un cátodo de dióxido de manganeso mezclado con carbono, sumergidos en una disolución líquida de cloruro de amonio, alcanzando un éxito comercial casi inmediato en aplicaciones de telegrafía. Veinte años después, el médico y científico alemán Carl Gassner resuelve el principal inconveniente práctico de la celda original —el riesgo de fugas y la necesidad de mantenerla en posición vertical— inmovilizando el electrolito líquido en una pasta gelificada con yeso, lo que da lugar a la primera "pila seca" verdadera, patentada en Alemania el 8 de abril de 1886 (y en EE.UU. el 15 de noviembre de 1887, lo que ha generado cierta confusión de fechas entre fuentes que citan indistintamente 1886 o 1887 como año de la pila seca). De forma independiente, el inventor japonés Sakizō Yai desarrolla también en 1887 un tipo de pila seca propio. La portabilidad resultante de la pila seca de Gassner resulta decisiva para la posterior popularización de linternas, radios portátiles y, décadas después, juguetes y dispositivos electrónicos de consumo.