La tradición legal del pueblo hebreo, recogida en la Torá, introduce un cambio en la filosofía del derecho mesopotámico: mantiene la ley del talión para limitar la venganza desproporcionada, pero establece que las leyes provienen de Dios y que ningún gobernante está por encima de ellas. Humaniza el trato a esclavos y extranjeros frente al derecho babilónico, sentando una base moral y de igualdad ante la ley para los hombres libres que no existía en los códigos mesopotámicos previos.