Konrad Lorenz, en Austria, describe a partir de 1935 el fenómeno de la impronta ("imprinting"): el proceso por el cual crías de ciertas especies de aves, en un periodo crítico muy temprano tras el nacimiento, fijan un vínculo de seguimiento hacia el primer objeto en movimiento que perciben —normalmente la madre, pero en sus experimentos célebres, el propio Lorenz—. Nikolaas Tinbergen, en la Universidad de Leiden (Países Bajos), colabora con Lorenz desde 1937 y desarrolla un marco metodológico riguroso para estudiar el comportamiento animal en su entorno natural, distinguiendo entre las causas inmediatas, de desarrollo, funcionales y evolutivas de cualquier conducta —el esquema que se conocería como las "cuatro preguntas de Tinbergen"—. Karl von Frisch, en Múnich, descubre de forma independiente que las abejas comunican la localización de fuentes de alimento a otras abejas de la colmena mediante una "danza" codificada cuya orientación y duración indican dirección y distancia respecto al sol. Los tres establecen conjuntamente la etología como disciplina científica rigurosa: el estudio del comportamiento animal en condiciones naturales mediante observación sistemática, en contraste con el conductismo de laboratorio dominante en la psicología estadounidense de la época. Sus métodos y conceptos —impronta, patrones de acción fija, periodo crítico, comportamiento innato versus aprendido— se convierten en fundamento de la biología del comportamiento, la psicología evolutiva y la etología humana posteriores.