En 1962, Bernard Lown, Barouh Berkovits y colaboradores publicaron en JAMA la introducción de la corriente continua (DC) mediante descarga controlada de un condensador para terminar arritmias cardíacas, sustituyendo la corriente alterna (AC) de Zoll. La onda de Lown —una descarga de DC regulada y sincronizada— demostró ser mucho más segura y eficiente para el corazón que la AC. El cambio tecnológico a condensadores DC fue el eslabón que hizo posible la autonomía energética: en lugar de depender de la red eléctrica, el sistema podía cargar energía lentamente y liberarla en un pulso. Pantridge tomó exactamente este principio en 1965 y lo acopló a baterías de automóvil para crear el primer desfibrilador portátil prehospitalario. Berkovits, ingeniero de origen húngaro, diseñó el hardware del condensador; Lown aportó el marco clínico y la validación.