La mascarilla laríngea, ideada por Archie Brain en 1981, ofreció una alternativa supraglótica intermedia entre la mascarilla facial y la intubación endotraqueal. Su facilidad de inserción y utilidad en escenarios difíciles transformaron el manejo de la vía aérea. Es uno de los instrumentos más influyentes de la anestesia tardía del siglo XX.