En 1889, el fisiólogo escocés John McWilliam publicó en el British Medical Journal la primera descripción sistemática de la fibrilación ventricular como mecanismo de muerte cardíaca súbita, y demostró experimentalmente que corrientes eléctricas débiles podían inducirla en el corazón de mamíferos. Su trabajo estableció que la fibrilación —y no la simple parada cardíaca— era la causa subyacente de la muerte súbita por electricidad. Prévost y Batelli citaron explícitamente a McWilliam en 1899 como punto de partida de sus experimentos sobre reversión de la FV. Su trabajo permaneció poco reconocido durante décadas; la cardiología clínica tardó más de medio siglo en traducir este hallazgo en terapia.