La proyección de Mercator convirtió los rumbos de compás constantes —las loxodrómicas— en líneas rectas sobre el mapa, lo que la hizo extremadamente útil para la navegación oceánica. Su importancia no reside en representar fielmente las superficies terrestres —las distorsiona notablemente en latitudes altas— sino en resolver de forma operativa una necesidad concreta del navegante. Es un nodo canónico que debe leerse como canonización matemática de una larga tradición portulana previa, no como punto de origen absoluto.