En 1911 Otto Heimstädt publicó la descripción del primer microscopio de fluorescencia práctico, desarrollado en el entorno de Zeiss. El principio es distinto al microscopio de campo brillante: en lugar de observar la luz transmitida o reflejada, se ilumina la muestra con luz de alta energía y se detecta la emisión fluorescente de longitud de onda mayor. Este cambio de contraste transformó la microscopía: en lugar de ver formas, es posible hacer visibles moléculas específicas, estructuras seleccionadas o procesos dinámicos. La microscopía de fluorescencia moderna, combinada con marcadores genéticos como la GFP (Nobel 2008), es la base de la imagen biológica celular y molecular contemporánea.