Robert Millikan, en la Universidad de Chicago, diseña entre 1909 y 1913 el experimento de la gota de aceite: suspende diminutas gotas de aceite cargadas eléctricamente entre dos placas metálicas, equilibrando la fuerza de la gravedad con un campo eléctrico ajustable hasta que la gota queda inmóvil. Repitiendo el experimento con miles de gotas, Millikan determina que la carga eléctrica de cualquier objeto es siempre un múltiplo entero de un valor mínimo fijo —la carga del electrón—, demostrando experimentalmente que la electricidad está cuantizada en unidades discretas, no es un fluido continuo. Entre 1914 y 1916, Millikan se dedica a poner a prueba la predicción de Einstein de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico, que consideraba inicialmente improbable; tras años de mediciones de extrema precisión, Millikan confirma cada aspecto cuantitativo de la ecuación de Einstein, incluyendo una determinación independiente y muy precisa de la constante de Planck a partir de datos puramente experimentales. La ironía histórica es notable: Millikan, escéptico de la teoría cuántica de la luz, termina proporcionando la evidencia experimental decisiva que la confirma.