La civilización minoica de Creta, durante la Edad del Bronce (segundo milenio a.C.), desarrolla sistemas de gestión del agua sofisticados que incluyen cisternas, acueductos, pozos y sistemas de drenaje, documentados en los yacimientos de Cnosos, Tylissos, Zakros, Archanes y Myrtos-Pyrgos. Para impermeabilizar estas estructuras, los minoicos aplican yesos y morteros con propiedades hidráulicas a las paredes y suelos de las cisternas. Investigaciones arqueométricas en yacimientos de Chipre de la Edad del Bronce Tardía (estrechamente relacionados culturalmente con el mundo minoico-micénico) han confirmado mediante microscopía de polarización, microscopía electrónica de barrido y difracción de rayos X la presencia de morteros con material pozzolánico artificial deliberadamente incorporado, sustituyendo el agregado inerte habitual para mejorar la impermeabilización de cisternas y canales de agua. Esta tradición técnica de mortero hidráulico del mundo egeo continúa en la Rodas preclásica y constituye, según los especialistas en arqueometría de morteros antiguos, la base tecnológica sobre la que más tarde se desarrollarían los morteros hidráulicos perfeccionados por griegos y romanos.