Tsutomu Miyasaka publicó en 2009 la primera aplicación de perovskitas de haluro orgánico-metálico como absorbentes de luz en células solares, alcanzando una eficiencia inicial del 3,8%. El trabajo abrió un campo que en menos de quince años llegó a superar el 25% de eficiencia, igualando al silicio cristalino a una fracción del coste de fabricación. Es uno de los artículos más citados de la historia reciente de la energía solar. Miyasaka figura en las listas Clarivate de pre-candidatos al Nobel desde 2017. A fecha de esta entrada, no ha recibido el Nobel de Química, mientras que el impacto energético y económico de su descubrimiento es ya comparable al de invenciones nobelizadas.